La cosa prometía, pero realmente no esperábamos encontrarnos un puerto de Navacerrada tan bonito como el que nos encontramos. Gracias al frío que había hecho las noches anteriores una espesa capa de agujas de hielo cubría árboles, arbustos y casi cualquier superficie vegetal.
El frío fue bastante intenso durante la primera mitad del camino, especialmente al pasar por los pinares de umbría. Pero realmente merecía la pena simplemente por ver como estaba el percal.
Esta fue nuestra primera ruta con miembro canino, y Kas se lo pasó mejor que oliendo culos perrunos. Aprendió a esquivar bicicletas, sorteó triunfal riachuelos y hasta se echó una siesta al sol que le dejó fuera de combate durante un buen rato. Pero lo mejor (o peor) fueron sus escapadas donde su "mamá" se puso más nerviosa todavía y no paraba de gritar aquello de "KAAAAS... KAAAAS".
No debemos olvidar que encontramos la casa adecuada en caso de que un ataque zombi desuele nuestro planeta. No vamos a poner aquí donde está no sea que se nos llene de indeseables y perroflautas antisistema.
Recién llegados a Cercecilla vimos como se nos escapaba el tren que debía llevarnos de vuelta a casa, así que decidimos ir a un bar cercano a tomar un cafelito y unas cervezas.
Por fin llegó la hora de subir al nuevo tren, que como no podía ser de otra forma era corto. Y teniendo en cuenta que la estación estaba llena de "domingueros" como nosotros, el tren estaba a reventar desde su primera estación, con lo que en el resto de paradas algunos pasajeros incluso tenían problemas para entrar. Y ya que estamos con criticas a RENFE debemos mencionar el sinsentido de cobrar 8,15 € por el uso del funicular (o tren de cremallera como dicen los modernos) bien sea por adquirir un billete combinado desde cualquier estación de Madrid o por comprarlo en Cercedilla para subir una sola estación.
Lo que nos gusta quejarnos, pero lo bien que lo pasemos.